Si tengo que pensar en cómo transcurren las cosas y en el tiempo, debo afirmar que todo tiempo es pasado. No para afirmar estupideces como «todo tiempo pasado fue mejor» o para decir que el futuro llegó hace rato o «hay que vivir el presente». No es para desmentir nada; es para afirmar que todo tiempo es el pasado. Es pasado incluso cuando empecé a escribir «Si tengo que pensar en cómo transcurren las cosas». Hace apenas un segundo atrás era futuro y se convirtió en pasado de un latigazo. Entonces, ¿existe el presente? ¿Existe algo que esté viviendo ahora? Ya pasó, de eso estoy seguro. Todo lo que es el presente quizás sea un microsegundo, entonces jamás podré vivirlo. Si espero a que llegue un futuro, lo veré pasar por la ventana. Todo lo que vivo es el pasado, todo tiempo se esfuma como arena entre los dedos. Como dije, no es para decir que todo tiempo pasado es mejor, porque si lo único que se vive es el pasado, entonces no todo puede ser mejor que lo mejor; es posible matizar. Si quiero vivir de aquí a unos años creyendo que no puedo pensar más que en el pasado, entonces soy un eterno templario de lo no vivido, allí anidaré y veré pasar una vida que me es ajena. ¿Cómo hago para vivir? Si en los libros, en las películas, las canciones, los políticos, los artistas, hasta los premios Nobel, me dicen que debo vivir el presente y para mí el presente es apenas imperceptible. Apenas escribí esa frase, la del comienzo, y se esfumó, no queda nada de aquella frase que con toda fuerza nació, pensé que viviría más y es solo un recuerdo, no sé si el mejor, pero es parte de la historia.
Lo que más me aterra es que no sabré vivir ningún tiempo, porque dicen que del pasado no se vive, que aquellos que viven en el pasado viven acogotados por la angustia, la congoja y que son unos depresivos y unos imbéciles. Me voy a quedar a vivir así y acá hasta que pueda entender: ¿cuánto tiempo es el presente? Un minuto, unas horas, apenas recuerdo lo que hice quince minutos. Ah, sí, empecé a escribir «Si tengo que pensar en cómo transcurren las cosas», pero cada vez que la escribo de nuevo, cada vez que la recuerdo, pierde su fuerza y su vigor. Entonces quince minutos antes era presente y ahora es pasado, y si quisiera manotear ese recuerdo no sería tan preciso y tan hermoso u horrible. El futuro me parece más incierto, de hecho es lo único que creo que ni siquiera existe, nos han pintado un cuento, nos han vendido la idea de un horizonte que siempre estuvo aquí mismo. Nos obligaron a correr hacia ningún lado porque siempre ha estado acá, frente a nuestras narices, imposible de verlo porque no entendimos que el futuro ya ha ocurrido, por eso si el futuro llegó hace rato, dije que no iba a afirmar ni desmentir, pero ya ven cómo es el pasado, hace que cambiemos todo el tiempo. Si me ato a vivir del pasado van a decir que soy un recuerdista, si finjo que vivo el presente me estaré mintiendo, no quiero vivir solo microsegundos, no quiero ver pasar pequeños presentes y no poder saborearlos. Jamás podré pisar ese futuro del que tanto hablan, esa utopía como decía Galeano, que sirve para caminar ¿hacia dónde? ¿Hace falta caminar hacia ningún lugar? ¿En qué momento nace el futuro?
He oído hablar de ciertas civilizaciones donde el futuro ya ha ocurrido y que sirve para revisitarlo, es cíclico. De allí partirá o no la idea de «quien no conoce su propia historia está condenado a repetirla». Es el futuro quien nos habla en su forma más noble, en la forma del pasado, porque la historia nos muestra lo que va a ocurrir una y otra vez, una y otra vez y ¿adivinen qué? Sí, una y otra vez. Si quiero vivir del pasado es porque acepto que es lo único que he podido vivir, no por melancolía, no porque no tuviera otra opción, es porque no existe otra cosa. Todo yace en un recuerdo, incluso aquello que está más adelante, es un recuerdo que no tengo, que todavía no alcancé, pero un recuerdo al fin.