La luna ya apareció. El inglés de los australianos ya aparece como ruido en el ambiente, no quiero entender de qué hablan pero no puedo evitarlo. Salí a caminar porque me estaba abrumando el cubículo. Las cosas en las que hay que pensar, son muchas, todo el tiempo. Ahora la incertidumbre me asedia como las moscas y sin saber que va a pasar mañana soy el platillo perfecto. Ahora vivo en el medio de la nada, con dos tostadas de por medio y la sangre de los canguros muertos derramada por la avenida principal. Nada puede esconderse a la nada misma. El ruido solo parece perturbar. El polvo es la cortina de este teatro. La gente parece vivir sórdida en un tiempo que murió y parece querer avanzar hacia la luna pero esta recién se muestra de día. Yo la miro. Nunca te vas a ir. Ni siquiera cuando el sol brilla. La cerveza está fría y mis sentidos a tope, muevo la cabeza para espantar al aire cálido. Las horas no parecen amontonarse y la rutina ha muerto a la vuelta de la esquina. Nadie te va a hablar menos siendo un desconocido. Nada parece tener florituras y muchos pensarán que lo austero ha vuelto ¡Por fin, que viva la revolución! Queremos más vinilos, más panfletos sobre el 25 de mayo y más casetes de Tangalanga. Me siento frustrado por un segundo, pero una muchacha con la voz raspada y un inglés de Disney lee algún mensaje y es apenas una joven adulta. No me dejan pensar, no dejan que imbuya el ambiente con mis pensamientos. No me dejan pintar un cuadro erróneo con prejuicios.
Está bien. Lo acepto. Me he equivocado. ¡Que viva la revolución! Voy a cantar mañana. No debo estar asustado ni temerle a estar en el medio de la nada, la nada no puede herirme, pero en el abismo veré mi cara. Eso dicen. Después de esta cerveza para calmar mis ánimos, volveré a caminar las cuatro calles que ya camine para ver si una pared mágica se aparece y me muestra un mundo infinito y mágico donde las hojas no caigan o caigan solo en verano. A pesar de que corro por la calle y grito desolado solo aparece un oso desvelado allá a lo lejos quejándose de mi. Muchas veces el encierro me ha sentado bien y hoy quiero ser libre y dominar los caminos de la nada, los caminos de la incertidumbre y no puedo ¿Me hace menos libre esto? Tal vez si. No estar preparado para lo desconocido te hace ser dependiente de tu destino. ¿Y si mi destino es estar pendiente de mi destino, virando la vela y esquivando lo desconocido o yendo a lo desconocido y plantando bandera de: aquí si que no entendí nada? Las reglas parecen absurdas y entre mi cerveza y yo hay una mosca revoloteando que quiere encontrar en mi oreja un nuevo hogar. Pero mi mano la espanta. Perdón mosca son mis reflejos. Aún así la mosca persevera. ¿Será este pueblo la mano que me espanta? La respuesta está ahí. No la supe ver. Mañana iré, corriendo por este pueblo, desvelado por la luna del mediodía, hacia esa pared de fantasía porque así es como se vive una vida donde nada se puede tener. Vivir de los abismos que pueda tejer mi mente y del color que pueda pintar con mis pensamientos. Nada debería pararme si se que mi mente creara un mundo hermoso del cual me pueda columpiar.