No tenemos todavía certeza de cuando fue su primera aparición; en los libros de historia aparecen los primeros indicios allá por los albores de la civilización fenicia, más acá, en América pudo verse algo similar en aquellas civilizaciones Olmecas. La escritura permitió, de alguna manera, identificar, más tempranamente, qué era lo que sucedía, por qué la gente huía, gritaba y hasta a veces se arrancaba la piel tan solo para evitar una catástrofe mayor. Algunos escritos de autores no identificados de lo que podrían haber sido autores de civilizaciones pre griegas: Minoícos o Micénicos; datan de algunos comportamientos erráticos fuera de lo que era la caza, las guerras, las conquistas o incluso la exploración. Un escrito encontrado en 1925, por la cofradía de Hans Nöremberg en el territorio griego podrían pertenecer a estas civilizaciones o muy cercanas a ellas. Entre estos escritos se puede leer claramente: «no bien el miedo se introdujo, el hombre cambió para siempre», más adelante, tras atravesar texto ilegible, se puede leer «salieron corriendo de la bóveda|cueva, ningún rostro salió quemado, pero el fuego ardía adentro, [algunos] pudieron llorar, pero la enseñanza para muchos fue clara|entendida: hay lugar sagrado». Lo curioso de estos textos y el motivo de esta investigación, no es porque que sea de los más antiguos jamás descubiertos. No. Lo destacable es que en ningún momento nombra, como factor atemorizante: lobos, criaturas peligrosas, tropas salvajes, dioses iracundos, líderes nefastos, naturaleza feroz; nada de lo que uno podría entender cómo lógico.
Estoy hablando ni más ni menos que del origen del miedo, ¿de dónde sale esa fuerza capaz de hacernos correr?, porque la respuesta más obvia podría ser: bestias, y esto, ya se ha demostrado en infinidad de simposios, que no es así. Se ha descartado de lleno por toda la comunidad científica. A ver, para ser claros, porque se puede malinterpretar el eje de la controversia: si, en una primera instancia, podríamos hablar de que «las bestias» son la fuente primigenia que ha desarrollado el miedo en los hombres. Todo agente exógeno que pueda dañar la integridad de la tribu fue adquiriendo, tarde o temprano, ese carácter de temido. La cuestión no ronda por ahí, para nada, las últimas investigaciones de científicos reconocidos como Maldacena, Brief, C. Carrillo, H. J. Boremberg, todos coinciden en que, pasado este umbral exógeno, el miedo se quedó para siempre dentro de nosotros; fue como algo que nos apropiamos tal como respirar, comer cuando tenemos hambre o hacer nuestras necesidades. Es instinto dicho de otra manera.
La comunidad científica se encuentra desconcertada, incluido yo, que he viajado recientemente a lo que fue el territorio Persa para poder leer con mis manos el manuscrito de Dario I, excelso político y propulsor de derechos humanos de aquellos tiempos; temerario como pocos, y que antes de fallecer y dejar su imperio a su hijo Jerjes, dejó algunos manuscritos sobre gobernanzas y sobre liderazgo. Este último llamó poderosamente mi atención y por eso decidí ir a ver el papiro en persona. Una vez allí le pediría a un escriba que me replicase lo escrito, ya que está prohibido sacarle fotos. He de decir que cómo agente de la comunidad científica puedo gestionar ciertas empresas que permitan avanzar dentro del campo del auto conocimiento del ser humano. Con las copias en mi poder me dediqué a recorrer el territorio en busca de algún historiador que pudiera guiarme en la codificación de este manuscrito, según parece su título sería algo así como: Manual para lidiar con los sátrapas. Por si algún desprevenido no entiende esto de los sátrapas, porque, he de decir que conozco la lengua española y sé lo que significa sátrapa en coloquial. Y no, no es precisamente alguien ventajero, no. Las satrapías serían algo así como provincias y los sátrapas quienes las administraban.
Terminé contactando a un viejo amigo, quien me ayudó en esta epopeya: Antunez Parsaibarán, un viejo armenio que me acompañó durante mucho tiempo en distintas expediciones buscando el origen del fuego y el significado de pinturas rupestres cerca de Egipto. Antunez no era muy ducho con el idioma persa, pero debo decir que si sabía cómo la lengua había evolucionado y podía figurarse algunas cosas. Yo por mi parte traté de contribuir con la codificación de los logogramas usando como guía las investigaciones de Henry Rawlinson, algunos ensayos sobre lingüística de autores no reconocidos como Amerik Tufe y distintos diccionarios antiguos que Antunez poseía.
Trabajamos semanas descansando poco, pero investigando arduamente. El manuscrito tenía unas veinte páginas, algunos párrafos parecían repetirse, no estaba seguro de eso, pero quizás terminaríamos más pronto de lo que pensamos. En medio de la investigación recibí un llamado de la comunidad científica avisando que Kosachov había publicado un paper dando cuenta el origen del miedo. La comunidad científica me ordenaba, de manera perentoria, a abandonar mis estudios sobre los manuscritos de Dario I y volver para presenciar la ponencia de mi colega; sin más dilaciones la comunidad científica colgó la llamada y me dejó a mi y a Antunez con la boca abierta. Le dije que abandonaríamos, por ahora, la investigación y, que apenas pueda, lo volvería a contactar para retomar.
─ Estimado, antes de suspender, hay algo sobre mis avances que puede ayudarte y mucho. Sugiero que lo escuches y decidas luego. He codificado los logogramas para luego armar oraciones que puedan comprenderse─dijo Antunez con cierta celeridad, esperando que yo recapacite y dé lugar a lo que él tenía que decir, así que cedí en silencio y mi amigo siguió:─.
─ Acá mismo dice claramente: «el miedo es el hombre o al hombre, la hoguera hará justicia y de ella aprenderán», acá sigue un poco más pero fíjese esto creo que es clave. Tres párrafos más tarde hablando cómo controlar a sus sátrapas con vigilancia del rey, agrega: «ningún niño nace con miedo, claro está, mostrarle fuego sin contexto, solo lleva a que amen el fuego, el niño debe ser entrenado, para que el fuego signifique hoguera. Esto no quiere decir que crear miedo es: a través del fuego, es a través de los símbolos, es a través de implantar significados, cosas leves. Mañana saldremos por las calles y no castigaremos a sus padres en frente a los niños porque tendrán rencor, les diremos que no pueden, que no son aptos, que si miran fijo a un sapo se quedarán ciegos».
Esto era revelador sin dudas. No salí de mi asombro hasta después de una hora o dos. El corazón me palpitaba. Sabía que tenía algo importante, destinado a cambiar a la humanidad. La comunidad científica había deparado años en tratar de dilucidar el origen del miedo y, ciertamente, no había arribado a ninguna conclusión al respecto. Este hallazgo era revelador sin dudas y podía dar fin, de una vez por todas a una discusión que llevaba años: el origen ha sido y será el hombre mismo, quien de adulto atiborra de escenarios catastróficos a los niños para generar lo que he llamado: «las nuevas bestias». De esa manera se logra paralizar, por ejemplo, ante una hoguera que solo calienta, pero que alguien, en algún momento, dijo que si una hoguera ardía dentro de una capilla todos iban a ser maldecidos (profecía mencionada en textos antiquísimos de los ya mencionados Minoícos). Más acá en el tiempo, un niño que quisiera volar alto, se vería imposibilitado en un futuro siendo adulto, ¿por qué evitaría las sociedades modernas adultos con alas? Eso es tema para una siguiente investigación.
El niño se ve que arraiga estas costumbres, se las apropia, crece y olvida por qué teme. Ahora tan solo teme y no puede ir más allá. Si la comunidad científica supiera esto y, este hallazgo fuera revelado al mundo, las personas entenderían mucho mejor qué les pasa, y, cada individuo. podría revisar, de una vez por todas, esas charlas que tuvieron de niños y, con suerte, dejarían el miedo de lado.
Cuando hube de sentarme para ser testigo de la ponencia de mi colega Kosachov, poco respetado por mi y por mi circulo; por ser alguien muy cercano a la comunidad científica pero que todos sus papers son sobre vacunas, tratamientos que en principio son placebos o su más celebre paper: Cómo cambiar las palabras para que se entienda mejor lo que queremos decir, una especie de exégesis de cómo acortar nuestro lenguaje para que las cosas sean dadas de manera simple. Un ensayo totalmente plagado de propaganda y falacias, que hace gala de un lenguaje desaprovechado y lleno de vicios, casualmente redactado en mil novecientas ochenticuatro palabras. ¿Qué ironía no?
Su charla pasó por altibajos ,y al momento de nombrar su hallazgo, solo se posó en la idea de que el origen del miedo fue una causa endógena, creada por cromosomas y ADN histérico que se involucraba de manera caprichosa con uno mismo haciendo que se generara lo que él llamaría a partir de ahora: foberonina. Algo predecible si me lo preguntan, porque combinó fobia con serotonina. Esto era un error garrafal, ya lo habíamos advertido en un paper no publicado por la comunidad científica, pero muy conocido dentro de la comunidad. Las causas no fueron, en las muestras que se tomaron, unas tres mil personas, causas endógenas o ADNs caprichosos. Según la ponencia, nuestra tesis quedó descartada por un sesgo de confirmación, un falso positivo y que ahora debían dejarse de lado locas teorías y atenerse a la ciencia más pura que era lo único que podía explicar el VERDADERO (e hizo énfasis en la palabra verdadero) origen del miedo.
Quise impedir que esta cháchara continuara. Me paré de mi asiento furioso, casi fuera de mi mismo, y cuando hube de decir algo la persona que tenía al lado me inyectó algo que me desvaneció enseguida y me hizo sentarme de inmediato.
El mundo no podía quedarse con esa idea unívoca sobre el miedo, las vidas de miles dependen de que estas investigaciones, las mías, sean reveladas porque de lo contrarío el mundo vivirá sin saber por qué teme, porque debe corre de noche sin motivo aparente pero impulsado por una amenaza invisible, qué pasa cuando alguien rompe en silencio con una risa malvada, por qué y esto es lo grave: la gente se detiene a vivir cuando alguien le dice que no puede.
He tratado de publicar mis descubrimientos hace rato, la comunidad no me contesta, Antunez parece no contestar más, parece muerto, yo no puedo salir de casa. Temo por mi vida, no sé por qué, he revisado viejas conversaciones con mi padre y no hay rastros de «nuevas bestias», pero sin embargo temo, temo por mi vida, temo por mi familia, temo porque me hagan daño, que me digan algo que me destruya en pedazos. Hace meses no salgo de casa y Kosachov ahora está en la televisión contaminando a la población con su teoría de que el miedo es culpa de la estirpe y de unos ADNs caprichosos. Mañana saldré, algún día, lloraré en el camino, pero saldré y cuando lo haga gritaré que no se dejen engañar más.