Bajaron las espinas.
Las guardias no están preladas.
Los cazadores furtivos tiemblan;
la huida apremia.
Sembraríamos paz si no estuviéramos heridos por dentro.
Adentro la paz es un infierno.
Afuera la calma que nos agobia.
Para no decir, es mejor mirar
un puente oblicuo y ya podemos cruzar.
¡Tierra nueva!, gritarán.
Es tierra conocida, amarga otro, sigamos adelante.