Hacía rato que no dormía bien, la cama es una queen y cómoda, me dormí temprano a sabiendas de que al otro día quizás me tenga que despertar temprano y que también el reloj interno está volviendo a cambiar, tal vez me levante a la madrugada de nuevo. No pasó tan así, amanecí a las 5 casi 6 de la mañana.
Hoy es el día en que empezamos el trabajo como box makers. Como no tenemos nada para desayunar y son las 7 de la mañana y ya estamos muy despiertos, decidimos ir a desayunar a un café mientras esperamos que se hagan las 9 para que venga el que nos contrató.
Cuando se hizo la hora fuimos a la empresa y esperamos que aparezca la persona. Cuando llegó nos mostró el lugar, nos explicó cómo iba a ser el trabajo, como se usa la máquina y como uno debería hacer para ganar una buena plata semanal. Hay dos roles en este trabajo, uno es quién carga la máquina con esqueletos de caja y los laterales que van pegados a estos esqueletos, y el otro espera a que la máquina arme la caja y las apila en un pallet. La máquina hace 32 cajas por minuto. Entonces cuando terminó de explicarnos, nos hizo hacer una prueba piloto para entender mejor la dinámica. Cuando terminó la prueba empezamos a trabajar en serio. La máquina va rapidísimo y cuando empiezo a ver que faltan esqueletos y los cargo, los esquineros se empiezan a acabar, cargo esquineros, los esqueletos se terminan, cargo esqueletos. Cuando me quiero dar cuenta estoy completamente transpirado y en cada esqueleto que agarraba le caía una gota de sudor. Por si fuera poco los esquineros vienen en una especie de plancha troquelada, tenés que agarrar una buena cantidad y empezar a separarlos y eso toma mucho tiempo. El factor tiempo es la clave.
En el smoko, me habré tomado medio litro de agua. Nati tenía cara de abatida, no podía más, le dolía la espalda y las piernas. Le digo que bueno si quería cambiar de puesto, yo apilaría las cajas, a lo que me responde que si.
La parte de apilar cajas al principio me pareció sencilla hasta que cada vez que trataba de apilar más arriba era más complicado, las cajas a veces se me caían porque tenía que agarrar de a 8 y muchas veces se me resbalaba. La primera vez que se me cayeron, hice los más rápido que pude para que todo se vuelva a ordenar y seguir, a la cuarta ya estaba puteando y rogaba porque la máquina se corte y pare un poco.
Terminamos la jornada de 7 horas todo transpirados y decidimos preguntar en la recepción si había algún puesto dentro de la empresa, ese mismo día renunciamos. Fue muy duro.
Cuando llegamos a casa después de hacer las compras nos recibieron los caballos. Como una suerte de mensaje del destino: después de la tormenta viene la calma.
Mañana empezamos en la packhouse, yo como stacker y Nati poniendo bolsas a las cajas.