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Semana 21
junio

Semana 21

Del 22/06/2024 al 30/06/2024

Locaciones esta semana
📅 Del 22/06/2024 al 30/06/2024

22 de junio

Hoy cancelamos todas las visitas para ver autos. Por si no lo comenté, estamos buscando comprar un auto para movernos próximamente a laburar al campo. En medio de esas cancelaciones, fuimos a comprar algunas provisiones para comer algo y nos agarró la lluvia; no fue tanto, pero sí que puntería.

Ahora estoy escuchando un poco de blues y jazz mientras estoy en la compu, después de haber comido, después del café y después de un día lluvioso sin mucho que hacer. No sé si en todos los países es muy habitual que la policía te mande mensajes reportando desapariciones, pero acá parece que pasa; es la primera vez, por cierto, que pasa, y mi primer pensamiento es: es una estafa. Ávido de reflejos, no entro al link y rápido lo cierro, pero me queda la duda de si Tiara estará o no perdida.

23 de junio

Nati vio el aviso de este auto que parecía dar que hablar y, en efecto, lo hizo. Aunque mientras escribo esto yo ya sé el desenlace de la historia, las primeras impresiones de este auto fueron totalmente positivas y hasta me animaría a decir que me pareció el indicado. Pero como la cautela gana guerras, pensé que lo mejor era seguir viendo y seguir a mi instinto. ¿Por qué digo esto? El auto tenía pocos kilómetros, a buen precio y en buen estado; todo cerraba, y cuando las cosas son demasiado buenas para ser ciertas, tiendo a desconfiar.

24 de junio

Es la primera vez que me piden plata en Australia y lo que dijo el hombre, después de escucharlo mil veces, fue: «Do you have spare change?», algo así como: «¿Tenés cambio que te sobre?». Íbamos a ver otro Honda CRV, pero nos cancelaron y, en el ínterin y para no perder el tiempo, me contacté con unos chicos, una pareja argentina, que estaba vendiendo una Hyundai Tucson, una camioneta hecha y derecha, enorme pero todo terreno. Los chicos amablemente nos dijeron la verdad y se agradece; nos dijeron que tenía una pequeña pérdida de aceite y que se habían enterado hace poco. Mientras analizaba esta información, pensaba que si me gustara el auto, le pediría una rebaja de dos mil dólares, cosa que no pasó porque el auto estaba bastante cagado a palos.

25 de junio

Hoy fuimos a ver un Honda Jazz, que es igual al Honda Fit que solíamos tener en Nueva Zelanda. Últimamente, cada barrio o pueblo me parecen parecidos, con sutiles diferencias entre sí. El auto parecía tener algo raro, y un común denominador, entre la mayoría de los vendedores, es involucrar personas de la tercera edad; ejemplo: el anterior nos dijo que el auto pertenecía a una anciana, este nos dijo que su suegra (oh, casualidad, una anciana) estaba mal de salud y necesitaba el dinero. Suena como que si los ancianos dieran legitimidad, o yo pudiera pensar: «¿Por qué me va a cagar si este auto tocó el aura de un impoluto anciano?». Cuestión de que el auto estaba más que cagado a palos, el auto pedía su jubilación sin goce. Cuando miro la rueda de auxilio, noto dos cosas: había dos, una sin llanta entera y otra con la llanta despedazada. A lo que me llevó a pensar: «Tuvo un accidente, hace poco lo tiene y algo pasó, y se lo quiere sacar de encima». Pues no, mi «ciela».

A la vuelta pude ser testigo de cómo aprehendían a una mujer que parecía estar en un estado particular; algo le pasaba. La secuencia empieza mucho antes. Nosotros terminamos de comprar unas pizzas y nos estamos yendo a casa. Cruzamos la calle y una señora de unos cuarentipico estaba tendida en la calle tratando de levantar una bici; la gente pasaba alrededor de ella y Nati me dice: «Ayudala». Levanto su bici y noto que tanto la señora como la bici estaban rotos: la bici tenía el manillar quebrado y a ella se la notaba desorientada. Salgo de la situación y camino unos pasos, y Nati me advierte que algo estaba pasando, y cuando volteo la estaban apresando. Nosotros nos fuimos antes de que me acusen de asociación ilícita.

26 de junio

Hoy fuimos a chequear el Honda CRV que nos había parecido una joya. Como ya dije, era demasiado bueno para ser cierto. Para asegurarnos de que no nos vendieran gato por liebre, decidí llamar a un mecánico para que lo revise. Él llegó tarde y, aunque me trataban de apurar tanto el vendedor como su hija, mi postura era: dejemos que el hombre venga y trabaje. Apenas llegó, el mecánico se puso a trabajar y, aunque llegó tarde y yo estaba molesto con él, apenas se puso a trabajar me puse a la orden. Me mostró muchos desperfectos, como pérdidas de aceite y pinturas sobre el óxido. El motor se lo veía bien, pero se notaba el líquido refrigerante diluido con agua. La parte del manejo también estaba cagada a palos. Lo que parecía la panacea resultó ser una mentira y, en buena hora, haberme enterado porque las pérdidas de aceite son complicadas.

27 de junio

Hoy comprobé una vez más mi teoría de los abuelos y los autos. Fuimos a ver un Kia Sorento espectacular, enorme e impecable y, oh casualidad, quien lo vendía era una viejita, la cual me hubiera encantado que fuera mi abuela y me cocine rico. El auto andaba bien, un sutil problema con los frenos, nada que no se pudiera arreglar. Pero finalmente, me lo temía, no lo íbamos a comprar porque tenemos que salir ya a la ruta.

28 de junio

Nati vio un Honda Fit que acá se llama Jazz; el lugar de encuentro era a casi tres horas de donde vivimos. Todo parecía indicar de antemano que íbamos a comprar el auto, porque ya no teníamos tiempo y porque el auto es un viejo conocido. Es un buen auto, anda bien y este tenía pocos kilómetros. Cuando llegamos, pasamos por el banco y sacamos la plata, y esperamos cerca de la estación de tren. Cuando veo quién era el vendedor de nuevo, confirmo mi teoría abuelos-auto, porque parece que los mandan para ablandarte y vender el auto. Lo probamos y andaba bien, no perdía aceite ni tenía óxido. Pero estaba un poco cagado a palos, y yo ya estaba estresado y quería terminar el asunto ya. Lo compramos y, unas horas después, nos enteramos de cosas que tenía el auto y que no andaban.

El estrés siguió, pero terminó cuando estacionamos el auto cerca de casa, porque no sé si saben: en Sídney no se puede estacionar en casi ningún lado; todo es de pago, o necesitas un permiso, o más de cuatro horas no se puede.

Honestamente, quería una camioneta, pero estoy tranquilo con que es un buen auto; no feliz, como quien dice, pero seguro de la decisión.

29 de junio

Hoy fue la odisea de mover el auto y estacionarlo donde se pueda. Además, hicimos unos trámites para hacer la transferencia del auto y compramos de pasada unas cosas en el Kmart: yo una campera y, para el viaje, compramos unas mantas. Cuando volvimos, después de todo, y sabiendo que a las cuatro de la tarde tenía que mover el auto, cuando llegué veo la marca de la blasfemia, porque recuerden: no se puede estacionar en ningún lado; si pagás, no podés más de cuatro horas y después te tenés que ir. Un delirio.

A la vuelta llamamos a Juancito, que cumplía años, y nos quedamos charlando un rato; después se sumó otro de los chicos que trabajaba en el hotel.

30 de junio

La aventura empieza un poco truncada en una mezcla de malos humores de ambos: yo porque no me quería ir y porque sentía que todo se hizo a las apuradas, y ella porque se quería ir ya. Entonces ella fue a mover el auto de lugar y yo fui a lavar las sábanas. Como puse todo junto, eso demoró la salida porque tuve que relavar todo y secarlo después. En el ínterin tomamos unos mates y miramos el partido de Argentina, que jugó lindo y no le quiso hacer más goles a Perú, lo cual me parece bien.

Al principio llovió y el viaje se entorpeció; mientras yo iba de copiloto, aproveché a dormir, ya que la noche anterior me acosté tarde y no dormí nada.

Ahora estamos descansando en el auto para seguir viaje mañana.

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