Hoy fuimos a tirar unos CVs a partir de que ayer me llamaron para tener una entrevista. La entrevista era en un local próximo a abrir y que estaban buscando barista. Yo tuve una experiencia breve pero útil para estos momentos, así que apliqué. No estoy mintiendo mucho en mi CV, sino que trato de evitar esos momentos en donde me ponen a prueba y se dan cuenta de que no sé un pingo.
No puedo decir que fue un rotundo fracaso la tirada de CVs hoy porque obtuve un posible trial, que es una prueba de dos horas no paga, en un lujoso hotel. Mientras esperaba, se me acerca un muchacho a preguntarme si necesitaba algo y le dije que no, que estaba esperando al gerente para dejar mi resume. «Ok, you are waiting (inaudible) Matías». Ahí digo: ¿qué carajos?, ¿cómo sabe mi nombre?, ¿me conoce?, ¿ya me postulé? ¿Existen cámaras de reconocimiento facial que hacen que si uno va a dejar su CV, entonces lee tu CV y sabe tus datos? ¿Qué tecnología macabra es esa? ¿Qué plan de dominación mundial estaba pasando en este hotel tan fancy? «How do you know my name?» —le pregunto con la voz temblorosa, sabiendo que mi destino a partir de ahora estaba signado por el aislamiento y la tortura—. «El gerente —me dice— se llama Matías, ¿cuál es tu nombre?». Ah, Matías con S final, qué coincidencia. Río de alivio, pero también para evitar levantar cualquier sospecha de que yo sé algo, sé que acá se cuecen habas.
A la noche llegamos a casa y un amigo me mandó un mensaje preguntando si mañana estaba disponible para un trabajo de pintura y que, si estaba disponible, él me prestaba ropa de trabajo. Le dije que sí y fui a buscar la ropa. El trabajo es en efectivo, o sea en negro, y es solo un día.