Aparentemente, una posible compradora apareció; una latina. De buenas a primeras me habló en español y me preguntó sobre el auto: '¿Tiene correa o cadena?'. Y la verdad es que no sé nada. 'Déjame que lo averiguo y te confirmo', le digo, dando a entender mi buena voluntad.
Fuimos al mecánico y le preguntamos sobre la correa. Apenas lo vio, confirmó que tiene cadena de distribución. Le contesté a la chica por mensaje; ella me responde para vernos al día siguiente a las 16 hs en Tauranga, en el Bay Fair. Habíamos arreglado, de antemano, el precio a 4300 dólares. A pesar de haberle bajado mucho el precio —casi que perdí plata—, no era tan grave; lo importante era venderlo.
Terminamos yendo al supermercado a comprar algo para comer —no mucho— y, mientras comíamos, miramos Death Note.