Apenas llegamos de trabajar y, como nos habíamos ido antes, pensé que sería una buena oportunidad para llamar a mis viejos. Hacía tiempo que no hablaba con ellos. Para sorpresa mía estaban mis hermanos así que de paso charlé con cada uno de ellos. Les conté las nuevas vivencias como Box Maker y lo difícil que fue al principio, les conté la vez que el chico kiwi me dijo fuck you y, también, de cuando el pajarito entró a casa.
Mientras contaba esto noté el vendaje de mi viejo en el codo y le pregunté qué le había pasado. Me caí de la cama, me dijo. Parece que se le reventó una vena y se le llenó de líquido el codo, entonces le tuvieron que drenar como dos veces.
Mi vieja me contó cómo es que me confundió a mí con otro Matías Ferraro de Instagram que estaba en Pinamar y como le reaccionó a las historias. Mi hermana que se quería mudar a una casa mucho más grande y mi hermano que ahora no estaba saliendo con nadie y, además, tocaba en eventos.
La conversación fue fluctuando entre otros temas hasta que, inevitablemente, desembarcamos en el tema laboral. Me sorprendió escuchar las novedades y la verdad hace mucho espero algún tipo de noticia de ese estilo. No sé si llamarlo justicia divina, venganza, karma o destino, no pude evitar alegrarme y aunque en estas situaciones es mejor guardar la compostura y actuar con serenidad, decir cosas como: pobre, no se lo deseo a nadie, debo decir que esta vez fue la excepción por qué creo que sí se lo merecía.
Pongo contexto. Yo trabajaba con mi hermano en el ministerio de educación, mi jefe o nuestro jefe era un tipo que abusaba mucho de su poder. Se enriqueció a costa de manejos turbios. Dicho esto, me contó que hace poco lo echaron, a él y a otros 40 que lo bancaban a él, todo política. Todavía me quedan sensaciones ásperas de cuando trabajaba ahí así que esta noticia es como un bálsamo. Me alegré un poco. Me contó que como hace poco llegó un nuevo gobierno y cambiaron a su jefa, es decir la ministra, el se vió envuelto en una encrucijada, cooperar con sus nuevos jefes o buscar aliados y hacerle la contra. Poco le duró la estrategia que eligió porque a las décima vez que se negó lo echaron. También echaron a muchos de sus secuaces. La justicia tarda pero llega pensé.
Nos fuimos a dormir y me despierto con un mensaje de Tony, mi amigo chino, que estaba en KatiKati y nos quería ver. Le comenté que la dueña de la casa estaba buscando rentar la habitación y si le interesaba estaba disponible.
Así que vino y nos reencontramos. Nos contó del viaje, de su amor fugaz con una chica de Queenstown, de cuales son sus planes, de cómo le negaron el sponsor en el hotel. Charlamos bastante y fue grato volver a verlo. Así que ahora vamos a vivir con Tony, veremos cómo va.